11 cosas de las cuales te arrepentirás a los 30

Escrito por Pablo Gowezniansky ; última actualización: February 01, 2018

Overview

Llegar a los 30 es todo un acontecimiento. Significa que has vivido tres décadas y has acumulado una gran cantidad de experiencia. Es una oportunidad para avizorar el futuro contemplando lo que fue tu pasado. Pero no es necesario haber llegado a esa edad para saber qué podría sucederte. Si estás atenta, puedes evitar algunos errores comunes. Adelante, no hay nada de qué arrepentirse; sólo hay cosas de las cuales aprender.

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Haber vivido para trabajar

Es habitual que llegues a los 30 y comiences a replantearte elecciones del pasado. Una de ellas es haber vivido para trabajar en lugar de haber trabajado para vivir. Has seguido la zanahoria del dinero y de la estabilidad económica, y te has perdido dentro de ese juego. Eso ocurre porque usualmente tenemos una mente que fue formada para pensar lo peor, tanto por los miedos de nuestros padres o por los medios de comunicación que nos aterran con noticias trágicas. Y por eso solemos sentir la necesidad de acumular bienes materiales. Pero la vida es una. Tienes que aprender a vivir cada momento. Aprende a disfrutar tu trabajo y a vivir sin miedos, y serás capaz de organizarte mejor, tener más tiempo libre y ser más dichoso. Recuérdalo: nunca es tarde para cambiar.

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Haber elegido una carrera incorrecta

Muchas veces entras en la facultad en piloto automático. Simplemente sigues la corriente: amigos que se han introducido en tal carrera y por eso tú la sigues, o quizás hayas optado por una carrera que en aquel momento estuviera de moda o especialmente bien vista. Lo más probable es que eso te lleve a un trabajo que no te guste. Y un trabajo que no te guste significa estar largas horas durante todos los días y meses y años haciendo una actividad que no te reporta beneficios emocionales, y sí mucho desgaste. ¿Quieres tener un trabajo que te agrade? Pues será mejor que realices una carrera de la cual, posteriormente, te sea grato trabajar. Afortunadamente siempre estás a tiempo de cambiar tus elecciones. Sólo debes creerlo con firmeza y hacer algo al respecto.

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Pelearte con tus padres

Luego de la adolescencia y durante ese periodo en que te vas de casa, eliges una carrera y te independizas, hay un vínculo que cortas con tus padres, una relación íntima que necesitas escindir para poder ser un adulto libre con decisiones propias. Si bien ese cambio es sano y más tarde o más temprano todos lo hacemos, el disparador muchas veces es un malestar con tus padres. Esto quiere decir que no te has ido de la mejor manera, sino que te has escapado. Durante tu posterior independencia, posiblemente le escatimes tiempo a tus progenitores y no los trates con el respeto que se merecen por haberte criado. Llegar a los 30 es un momento de tu vida en que valoras todo lo que han hecho, aprendes a reconocer que son humanos y son libres de haber cometido errores, porque tú también los estás cometiendo, y comienzas a reconciliarte con ellos. Y entonces piensas: "los he maltratado con mi indiferencia". Pues bien, debes saber que una relación sana con tus padres te ayuda a tener una relación más sana contigo mismo y también un mejor vínculo con tus hijos. Recuerda siempre que, al igual que tú, ellos lo hicieron lo mejor que pudieron.

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No valorar las amistades

Hay un proceso que ocurre fuertemente a los 20 y suele cambiar a los 30. Los 20 es una instancia en que abres el abanico de muchas actividades y comienzas a conocer gente nueva. Si es así, posiblemente te ocurra que dejes de lado amistades bien cimentadas por otras que apenas empiezas a conocer. Eso es normal, y puede deberse a un aburrimiento, a un cambio interior o simplemente a no haberte detenido lo suficiente a pensar las cosas. Sin embargo, verás muchos rostros nuevos y sonrientes que se van de un momento para el otro, mientras esas viejas caras conocidas siguen estando allí. No entres en el juego de desvalorizar a tus viejas amistades. Muchas veces serán las únicas que estén allí cuando verdaderamente lo necesites.

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Haberte casado prematuramente

Hoy en día suele ocurrir que casarse prematuramente es cada vez menos frecuente, pero aun así, esto ocurre. Casarse prematuramente significa que has seguido un patrón de lo que creías que era correcto en tu vida, y no te has detenido a considerar si eso era lo mejor para ti. Los 30 es una etapa en que aprendes a conocerte a ti mismo y empiezas a tener más en claro qué quieres de tu vida. Eso significa saber qué pareja es la ideal para ti y si la que está a tu lado te estanca y te hace desdichado, o te permite crecer como persona y ser feliz. Pero no te preocupes, siempre estás a tiempo de pergeñar nuevos lazos íntimos. Simplemente sigue esta regla: mientras menos busques, más fácilmente encontrarás.

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Haber descuidado tu cuerpo

La adolescencia y los 20 son etapas en que crees que tu cuerpo es como un vehículo todoterreno. Lo que haces es tomarte tu realidad física en broma y descuidar a ese compañero que te seguirá fielmente a donde que sea que vayas. Eso no sólo puede devenir en un aumento de peso, también puede conllevar a problemas físicos que luego tendrás que superar. A los 30 aprendes a quererte a ti mismo y a valorarte en toda tu integridad, y eso significa que aprendes que tu cuerpo te seguirá hasta el último de tus días. Porque tu cuerpo no es más ni menos que parte de ti mismo. Si te quieres, también quieres a tu cuerpo. Por eso es bueno que te adelantes y adquieras hábitos saludables, como seguir una alimentación más amable con tus procesos digestivos y habituarte a la actividad física. Son decisiones de las que nunca te arrepentirás, ¡puedes contar con eso!

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Haber descuidado tus proyectos

La vida sin proyectos es una vida que más tarde o más temprano puede resultarte vacía. Atraviesas el día a día sin saber a dónde vas, y a los 30 un día te despiertas y piensas: "¿para dónde estoy yendo?". Es cierto, quizás nunca tengas las respuestas a todas las preguntas, y muy posiblemente esas respuestas vayan cambiando con el paso del tiempo. Pero mantenerte activo con proyectos reales y alcanzables te hará saber los motivos por los que te levantas cada mañana. Por eso, no descuides tus proyectos. Y si aún no los tienes, tómate tu tiempo para pensar en ellos. ¡No te arrepentirás!

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No haberte querido lo suficiente

A los 30 ya has pasado altibajos, ya has experimentado sensaciones muy bonitas y dichosas, y también otras muy tristes y lamentables. Has seguido un estilo de vida aprendido, y no has aprendido a seguir tu estilo de vida. Los 30 es un momento de madurez emocional, es una instancia en que comienzas a cristalizar de qué se trata esto de vivir. Y te das cuenta de que no has estado el suficiente tiempo contigo. Por eso, consiéntete a ti mismo. Ve, por ejemplo, a una sesión de masajes semanalmente. Comienza a olvidar ese lema de "no tengo tiempo" y haz esa actividad que siempre has querido hacer. Practica más actividades espirituales que te permitan estar en armonía contigo. Después de todo, cuando empiezas a pensar en ti mismo, también piensas en los demás. Porque mientras mejor estés, mejor estás para los otros. Así que, ánimo, ¡estás a tiempo de quererte mucho más!

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No haber ahorrado suficiente dinero

Llegas a los 30 con sueños que no habías tenido el tiempo de concretar. De pronto decides que ha llegado la hora de cumplirlos y miras tu cuenta bancaria. ¿Pero qué ha pasado? No sólo has gastado tu tiempo, ¡también has gastado tu dinero! Conseguir el equilibrio suficiente entre gastar y ahorrar es un arte que difícilmente aprendemos antes de llegar a los 30. Pero si lo logras, podrás transitar una existencia feliz a los 20, y así y todo tener suficientes ahorros para la siguiente década. Es muy importante pensar en tu futuro; y no sólo en el tuyo, también en el de tu familia. ¿Quieres comprar un auto? ¿Tal vez una casa? Aprender a ahorrar habla de una persona madura. Por eso, si quieres poder concretar tus sueños, es bueno que aprendas a cuidar tu dinero. ¡Tendrás un motivo menos para arrepentirte al llegar a los 30!

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No haber sabido amar

Este es un problema más habitual en los hombres. Con tantos estímulos visuales que banalizan a las mujeres, que las ponen como objetos en afiches publicitarios o simplemente como figuras con mero atractivo físico en la televisión, a los hombres les suele costar verlas de un modo más profundo. Esto quiere decir, tienen problemas para valorar a las mujeres en su integridad psicofísica. Las ven más como un objeto de deseo que como una compañera espiritual, una persona capaz de abrirle las puertas a su interior. A los 30, luego de haber pasado por toda una vida de relaciones infructuosas, los hombres comienzan a preguntarse qué les sucede, e incluso recuerdan mujeres al parecer ideales con las que no pudieron formalizar algo duradero. Tal como suena, los 30 es una edad en que los hombre se arrepienten de no haber sabido amar. Pero vamos, nunca es tarde. Sólo es cuestión de aprender a abrir ese pecho, ¡porque ahí es donde reside el amor!

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No haber viajado

Invierte en viajes, no en cosas. No animarse a viajar a veces es un símbolo aún más profundo que representa no haberse animado a correr riesgos. Muchas veces, la vida sin riesgos puede resultar insípida. A los 30 aprendes que no puedes mantener todo bajo control, ya que te ha sucedido innumerables veces que no ocurre lo que esperabas. Una vez que entiendes esto, buscas animarte a hacer aquellas cosas que antes te aterraban o que simplemente ibas postergando. Es hora de que te preocupes menos y te ocupes más. Recuerda el dicho popular: no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. ¡Ese lema parece estar hecho a medida de los treintañeros!

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